En el año de 1953, Carmen Barreda, quien entonces era la directora del Salón de la Plástica Mexicana y quien más tarde sería la primera directora del MAM (1964-1972), fundó un patronato con la única y autentica intención de edificar un recinto destinado especial y unicamente a preservar, estudiar y difundir el arte moderno.
Aunque el proyecto tardó casi diez años en concretarse, el museo finalmente se inauguró el 20 de septiembre de 1964, construido por fin a iniciativa del entonces presidente Adolfo López Mateos.
El edificio y sus jardines se realizaron a partir de un diseño del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez en colaboración con Rafael Mijares, originalmente el proyecto comprendía también un auditorio y un edificio para servicios administrativos y bodegas.
Desde entonces el MAM ha jugado un papel fundamental en la consolidación y difusión de un patrimonio artístico público, a través de su colección de arte mexicano moderno y contemporáneo.
De la misma manera, a través tanto de las propuestas de los propios artistas como aquellas de los curadores, el MAM ha contribuido a definir y a afianzar –o por el contrario a cuestionar- tanto los discursos históricos de identidad visual, como a esbozar, de manera incluyente, contemplativa y siempre reflexiva, el panorama de la actualidad artística nacional.
El museo está abocado principalmente a la creación nacional moderna y contemporánea, pero no por ello ha dejado nunca de mantener un vínculo activo con la escena actual y con la escena internacional.
Su construcción se realizó en el Bosque de Chapultepec sobre una superficie ocupada por invernaderos fuera de uso, y de este modo de evitó la deforestación.
El diseño del museo encarna los postulados organicistas de la vanguardia arquitectónica de la década de los 60: el plano del edificio, en forma de amiba, está proyectado en estructuras circulares concéntricas de dos plantas, coronadas por domos; las fachadas, al suprimir los muros por el vidrio, buscan ante todo la integración visual interior / exterior con el jardín que rodea el museo.
Salvo por el mármol de Carrara abundantemente utilizado para recubrir el hall y su impresionante escalera que conecta a ambas plantas y a ambas alas del museo, el resto de los materiales son típicos de aquellos a la moda de mediados de los años 60: las fachadas son de vidrio polarizado en dos tonos, solar greyy solar green, y la cancelería es de aluminio plateado; en cuanto a los domos diseñados por el arquitecto Juan José Díaz Infante, tanto los otros tres menores de las salas del museo como el de 18 metros de diámetro que corona la escalera monumental dándole una cálida luz ámbar y un extraño eco, no son domos preconstruidos sino en fibra vidrio y resina de poliéster aplicada por capas.
Además de sus espacios de exhibición, que son de 2,615 m2 por planta en el edificio principal y de 707 m2 por planta en la sala Gamboa, el MAM cuenta con un estacionamiento de 4,000 m2 y ofrece un área de 15,757 m2 de áreas verdes y 13,450 m2 de calzadas de concreto y andadores en recinto negro de Chimalhuacán, que hoy día conforman un jardín de esculturas al aire libre.
Un corredor al aire libre conecta el edificio principal a la sala Fernando Gamboa. Esta última, tras haber sido destinaba originalmente a exposiciones pero fungir también durante décadas como espacio de oficinas y de locales técnicos, será próximamente reinaugurada como un nodo esencial del museo, habiendo sido para ello íntegramente restaurada, modernizada, optimizada y liberados sus espacios de funciones ajenas. De este modo, la sala Gamboa albergará a la biblioteca y el centro de documentación, además de una librería y la tienda del museo, una cafetería, un lounge de lectura, un centro de docencia, el área de talleres y servicios educativos y una sala de proyectos especiales.
Visitalo y disfruta de las exposiciones.

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