Posts escritos en: November, 2009

Tras el análisis minucioso de un negativo, se descartó que el fotógrafo alemán Hugo Brehme (1882-1954) haya sido el autor de una imagen icónica de la Revolución Mexicana: el retrato de Emiliano Zapata en el que aparece de cuerpo entero, con el fusil en la mano derecha, el brazo izquierdo apoyado en el sable y una banda cubriéndole el pecho bajo las cananas.

Mayra Mendoza Avilés, subdirectora de la Fototeca Nacional del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) y especialista en la obra de Brehme, revela que en la mencionada reprografía o negativo de impresión —bajo custodia del Instituto— “es posible advertir, bajo la punta del sable del personaje, que la impresión estuvo firmada en inglés con caligrafía manuscrita: Zapata, Photo and Copyright by F. M.”.

De acuerdo con la investigadora, el conocido retrato fue atribuido a Hugo Brehme a partir de 1995 “sin ninguna referencia histórica o documental, y con motivo de la exposición México: una nación persistente. Ningún testimonio fidedigno indicaba que así fuera; sin embargo, comenzó un mito sin sustento que ha llegado hasta nuestros días”.

En realidad, la famosa foto de Zapata, que como la del Ché, de Korda, se ha reproducido en innumerables libros, revistas, afiches y camisetas, podría ser obra de algún fotógrafo estadounidense poco conocido, llamado F. Moray o F. McKay.

Sostiene la especialista, que el equívoco se debió quizá, entre otros aspectos, a que se sabe que Brehme estuvo en el cuartel del Caudillo del Sur y captó varias fotografías célebres, como la de los hermanos Emiliano y Eufemio Zapata, con sus respectivas mujeres.

Algunos enigmas sobre la fotografía en cuestión han sido esclarecidos con el paso del tiempo; por ejemplo, el lugar y año de la toma: el Hotel Moctezuma de Cuernavaca, Morelos, en 1911; así como su primera aparición en medios impresos: El Imparcial del 16 de abril de 1913.

Para Mayra Mendoza existen cuatro elementos que imposibilitan su atribución a Hugo Brehme: el primero es el uso de una caligrafía distinta a la del fotógrafo alemán y a la de sus colaboradores que titulaban las placas. La firma “F. M.”, no guarda relación con el estudio de Brehme.

Segundo, que Hugo Brehme no acostumbró hacer anotaciones con letra manuscrita dentro de las imágenes, y todas las leyendas en los bordes las asentó en letra mayúscula de molde. Tercero, no se tienen indicios de que el autor germano practicara el idioma inglés; en sus impresiones siempre privilegió el español, y cuando empleó otra lengua fue la alemana.

“El cuarto argumento, es que en ninguna de las colecciones de Brehme en el exterior es posible localizar el retrato de Zapata, mucho menos firmado y sellado por él, como sucede invariablemente con otras de sus piezas”.

Todo lo anterior —dijo— “nos lleva a cuestionar su autoría y atribuir la potestad de la obra a F. Moray o McKay. De ninguno de ellos tenemos noticias, aunque es posible que se trate de fotógrafos estadounidenses poco difundidos, como tantos que cruzaron la frontera mexicana durante el periodo revolucionario”.

No obstante, los enigmas en torno al retrato de Emiliano Zapata no terminan ahí. Mendoza Avilés refiere que “es posible que existan dos versiones de la misma imagen, tomadas por dos diferentes autores, ésta (la de “F. M.”, a la que alude la indagación) que no captó la mirada del caudillo; y otra, tomada por un fotógrafo a quien el líder revolucionario dirigía la mirada”.

“De cualquier forma, ninguna de ellas salió de la lente de Hugo Brehme quien, para 1911, era un fotógrafo establecido, que además del retrato de estudio efectuaba trabajos por encargo y difícilmente se le puede ubicar como colaborador directo de la Agencia Casasola, como se ha comentado en diversas ocasiones.

Las imágenes que de él se hallan en el Fondo Casasola, de la Fototeca Nacional, no son impresiones vintages o negativos originales, sino reprografías (negativos de impresiones) a partir de sus fotografías.

“La famosa fotografía ha sido reproducida en innumerables ocasiones, a partir de alguno de los negativos copia de los años 20, pertenecientes a la Fototeca Nacional. Destacan las apariciones en el Álbum Histórico Gráfico y las diversas ediciones de la Historia Gráfica de la Revolución Mexicana, hasta un sinfín de publicaciones”, anotó la también subdirectora del Sistema Nacional de Fototecas (Sinafo).

En su vocación de historiar la fotografía, Mayra Mendoza da a conocer los pormenores de esta investigación en el número más reciente (36) de la revista Alquimia, órgano de difusión del Sinafo, dedicado a Carlos Jurado y el arte de la aprehensión de las imágenes.

Autor/Redactor: INAH

POMPEYA Y UNA VILLA ROMANA

Les aviso que la próxima semana, se inaugura la exposición “POMPEYA Y UNA VILLA ROMANA. ARTE Y CULTURA ALREDEDOR DE LA BAHÍA DE NÁPOLES“, la cual permanecerá abierta hasta el 14 de febrero de 2010 en el Museo Nacional de Antropología.

Consiste en una centena de objetos que muestran el lujo y nivel sofisticado que tuvo la zona del Mediterráneo antes de que fuera sepultado por la lava del Vesubio en el año 79 d. C.

La gran parte de la piezas provienen del Museo Arquelógico de Nápoles, y el resto del Museo Arqueológico de Campi Flegrei.

Encontrarás ornamenteos, mobiliario, fuentes, mosaicos, y objetos personales que datran de los albores del siglo I a. C.

Lo que el Vesubio sepultó

La región de Campania fue un área bajo el dominio romano y un centro artístico de gran refinamiento, atrajo a la elite romana por la belleza de la bahía, los baños termales que existían debido a la geología volcánica, y por su herencia griega; su colonización helenística data del siglo VIII a.C.

Pompeya y una Villa Romana. Arte y cultura alrededor de la bahía de Nápoles, está dividida en las siguientes secciones: Patrones y propietarios; Interiores; Patios y jardines; y El gusto por lo antiguo.

En la primera de ellas se muestra cómo esta zona alcanzó un gran atractivo luego de que el emperador Augusto designara al puerto de Puteoli (el moderno Puzzuoli, al norte de Nápoles) como la puerta de entrada a Italia para las embarcaciones de granos venidas de Egipto. Esto ayudó a que la bahía se transformara a la par en un sitio vacacional.

Los aristócratas romanos empezaron a edificar villas en la bahía en el siglo II a.C., a lo largo de esa centuria y la siguiente, las familias reinantes también llegaron. Julio César, el primer emperador; Augusto, Tiberio, Calígula y Nerón, tuvieron residencias ahí, desatando una “fiebre constructiva” que llevó al historiador Strabo a expresar que el lugar lucía como “una ciudad continua”.

El segundo apartado, Interiores, hace hincapié en la demanda artística que esta riqueza conllevó; artistas locales y de otras regiones satisfacían las demandas de clientes para la decoración de sus palaciegos hogares. Estos artistas también hallaban consumidores entre los pobladores comunes de Pompeya y Herculano, quienes emulaban el estilo de vida de las elites.

Los interiores de las villas y muchas casas de Pompeya estaban decorados profusamente, los muros poseían frescos con escenas mitológicas, paisajísticas o naturalezas muertas. Mientras, el mobiliario incluía mesas de mármol, candelabros de bronce, estatuas, copas de plata ornamentadas y retratos familiares esculpidos.

Los patios y jardines —tema de la tercera sección— estaban acentuados con aviarios, fuentes y figuras de mármol o bronce, de los que brotaba agua hacia piscinas y caminos. Inclusive las casas modestas contaban con áreas ajardinadas que “expandían” al pintar arbustos en los muros de patios y colocar esculturas de animales salvajes o de Dioniso (dios del vino), así como retratos de sabios griegos.

La bahía de Nápoles aún conservaba su “sabor griego” cuando los romanos arribaron a ella, de ahí que muchas veces rendían una particular reverencia por ese pasado helenístico, tanto así que algunos romanos salían en toga a la calle. Esta fuerte influencia es la que toca el último apartado: El gusto por lo antiguo.

Los vestigios localizados en las casas de la elite de Pompeya y Herculano, sin contar los de las villas, revelan que, para sus dueños el conocimiento de la cultura griega fue un símbolo de estatus y señal de refinamiento. Las piezas que encargaron —sobre todo a artistas locales familiarizados con los modelos griegos—, fueron realizadas en estilos de varios periodos de esa civilización.

Pompeya y una Villa Romana. Arte y cultura alrededor de la bahía de Nápoles, estará abierta al público en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo Nacional de Antropología (Reforma y Gandhi, Bosque de Chapultepec). Horario de 09:00 a 17:00 horas de martes a domingo. Costo 51.00 pesos.

Quedan exentos de pago los menores de 13 años de edad, estudiantes y maestros con credencial vigente, personas con capacidades diferentes y adultos mayores. El domingo la entrada es gratuita para nacionales y residentes con documento migratorio. Más información sobre la muestra en la página de Internet: www.inah.gob.mx/pompeya