Posts escritos en: January, 2010

Arqueólogos mexicanos encontraron una tumba de 1.100 años de antigüedad del crepúsculo de la civilización maya que esperan arroje alguna luz sobre lo que sucedió a esa gloriosa cultura.

El arqueólogo Juan Yadeun dijo que la tumba, y piezas de cerámica de otra cultura halladas en ella, podrían revelar quién ocupó el sitio maya de Tonina en el estado sureño de Chiapas cuando el período clásico de la cultura empezó a declinar.

Muchos expertos han conjeturado que guerras internas entre ciudades mayas, o la degradación ambiental, fueron causas posibles de la declinación maya a partir del 820 de nuestra era.

Pero Yadeun, que supervisa el sitio arqueológico en Tonina por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, dijo que los objetos de la cultura tolteca halladas en la tumba podrían indicar otra explicación. Dijo que la tumba data de entre el 840 y el 900 de nuestra era.

“Está claro que es una nueva ola de ocupación, la gente construyó esta tumba de tipo tolteca”, dijo Yadeun el miércoles. “Esto es muy interesante, porque vamos a ver por medio de los huesos quiénes eran esas personas que sucedieron al imperio maya”.

Los toltecas procedían de las altiplanicies del centro de México y aparentemente expandieron su influencia a los bastiones mayas en el sur de México. Se cree que dominaron el centro de México desde la ciudad de Tula _al norte de lo que actualmente es Ciudad de México_ entre los siglos X y XII, antes que los aztecas ocuparan la región.

“Una tumba, aunque sea muy lujosa, no va a responder los grandes interrogantes de la trayectoria maya en toda la región … quizás a nivel local”, dijo David Stuart, especialista en epigrafía maya en la Universidad de Texas, en Austin.

Susan Gillespie, arqueóloga de la Universidad de la Florida, dijo que “la idea de una migración desde Tula hasta el área maya se ha abandonado”.

En el interior, un sarcófago en forma de recipiente de piedra yace dentro de una cueva estrecha, coronada por una pesada lápida de piedra. Al contrario de otras, ésta no contiene inscripciones; al parecer, los mayas empezaron a abandonar su complejo sistema de escritura en las postrimerías de su cultura.

Los arqueólogos también hallaron una urna de cerámica y los huesos posiblemente de una mujer. El cráneo parece haber sido deformado intencionalmente, una práctica común entre los mayas. Los antropólogos están estudiando los huesos en la esperanza de identificar de qué grupo procedía.

El instituto dijo que los huesos de la mujer fueron desplazados por huesos en otra urna de cerámica, presumiblemente depositados allí por jefes tzeltales en algún momento a fines de los 1400, justo antes de la conquista española.

El sitio selvático está lleno de templos y plataformas dejadas por los mayas. La tumba recién descubierta-detectada inicialmente durante trabajos de mantenimiento en diciembre, y cavada más adelante y mostrada a reporteros el miércoles-está al pie de uno de los templos antiguos.

La tumba muestra evidencia de que al menos otro grupo prehispánico tomó posesión del lugar tras el colapso maya.

Los textos escritos por 114 extranjeros que entre los siglos XVI y XXI en los que hablan del estado de Oaxaca fueron compilados por el investigador de la historia y tradiciones de México, José N. Iturriaga, en el libro Viajeros extranjeros en el estado de Oaxaca, que ofrece una visión completa, amplia y diversa con puntos de vista que reflejan “desde el más diáfano blanco hasta el negro más impenetrable”.

El volumen editado por el gobierno del estado de Oaxaca, con el apoyo de Conaculta, recoge la visión de quienes por diferentes razones visitaron la entidad entre los que figuran conquistadores y cronistas, misioneros y obispos, virreyes y corregidores, científicos, mineros e historiadores, abogados y arqueólogos, diplomáticos y militares, hombres de letras y colonizadores, aristócratas e invasores, ingenieros y naturalistas, periodistas y refugiados políticos, comerciantes y antropólogos, artistas y poetas.

Iturriaga, quien a lo largo de tres décadas ha localizado y reunido los escritos de viajeros extranjeros acerca de nuestro país, de los que han derivado alrededor de 15 libros, cuyo propósito ha sido informar sobre sus impresiones e invitar a la reflexión sobre el perfil prototípico del mexicano, aquello que lo distingue de los demás pueblos.

¿Por qué recurrir a lo escrito por forasteros? José N. Iturriaga respondió de manera concreta: “los extranjeros ven cosas que no ven los habitantes nacidos en un territorio, eso ocurre en México y en cualquier parte del mundo. El que llega de fuera, ve lo que los oriundos del lugar no perciben ya por cotidiano, porque se ha convertido en algo tan común que ya no merece su atención”.

Al ahondar en entrevista sobre la razón de este tipo de investigaciones históricas, Iturriaga planteó un ejemplo claro, el Día de Muertos. “Para nosotros constituye una auténtica fiesta y lo que hay alrededor de ella ya no nos sorprende. Mientras que un anglosajón o un germano se queda azorado al ver que a un hijo pequeño le regalamos como juguete un ataúd con tapa corrediza que al recorrerse con un resorte deja salir un esqueleto; les parece macabro, algo enfermo, un fenómeno de locura que no logran entender hasta conocer la forma de ser del mexicano”.

En este sentido, el historiador y economista afirmó que cuando alguien nos visita, ese tipo de cosas que llaman su atención son las que quedan como testimonio sobre papel. “A partir de los diarios de viaje, cartas, relaciones, crónicas o cualquier otro formato, podemos darnos cuenta de qué aspectos son los que más nos perfilan en nuestra particularidad como pueblo, aquello que nos distingue. Yo diría que es un poco como aquella metáfora de que el bosque se ve mejor desde afuera que desde adentro”.

Tras destacar que el objetivo fue ofrecer una visión completa, amplia y diversa sobre cómo nos ven los extranjeros, hizo notar que no todos nos han mirado con buenos ojos. Mencionó casos como los novelistas ingleses Graham Greene, Aldous Huxley, Evelyn Waugh, reunidos en este volumen, quienes no han querido a México ni a los mexicanos, pero aclaró que incluso estas impresiones negativas ayudan a entender mejor cuál es nuestro perfil y a conocernos a nosotros mismos.

Viajeros extranjeros en el estado de Oaxaca incluye lo escrito por 114 autores, originarios de 22 países: España, Francia, Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Italia, Chile, Austria, Dinamarca, Colombia, Luxemburgo, Checoslovaquia, Rusia, Polonia, Canadá, Honduras, Venezuela, Guatemala, Brasil, Perú, Hungría y la Florida (antes de ser parte de Estados Unidos).

Iturriaga puntualizó que la mayoría de estos autores admiraron y vieron con gran gusto al estado de Oaxaca, hecho que hacen patente en sus escritos.

Indicó que destacan expresiones de admiración por la hospitalidad de su gente; por las maravillas que se observan, se comen y se beben; en términos de bellezas naturales, una de las apariciones más frecuentes es la del árbol de Santa María del Tule; la extraordinaria riqueza étnica del estado, de la que derivan obras maestras de la alfarería, el trabajo con hojalata, los alebrijes, la fabricación de cuchillos y machetes, además de sus textiles.

El deslumbramiento también se remite a las culturas del pasado y hay mucho sobre la riqueza arqueológica con sitios como Monte Albán y Mitla; su vasto patrimonio colonial, expresado en el ex convento de Santo Domingo o la Catedral; su diversidad gastronómica, entre muchos otros aspectos.

A decir del investigador, la minoría de los autores que aparecen en el libro son conocidos, probablemente unos 20 lo son de manera amplia, otros 20 o 30 tienen cierta presencia y casi la mitad, resultan desconocidos aun para los historiadores oaxaqueños.

Para brindar una idea más clara sobre quienes conviven en las del libro, Iturriaga mencionó que del siglo XVI hay textos de Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo, Bernardino Vásquez de Tapia, Motolinia, Bartolomé de las Casas, Bernardino de Sahagún, Fray Juan de Zumárraga, Joseph de Acosta, Fray Diego Durán y el virrey Luis de Velasco padre.

Al siglo XVII pertenecen Juan de Torquemada y Thomas Gage; del XVIII refirió a Francisco de Ajofrin (fraile capuchino), Rafael Landivar (jesuita guatemalteco), el segundo conde de Revillagigedo (también virrey de la Nueva España), el marino italiano Alejandro Malaspina; ya en el XIX Alejandro de Humboldt (aunque nunca estuvo en Oaxaca alude en sus obras algunos aspectos), el arqueólogo francés Desiré Charnay, Aquiles Bazain (mariscal francés que encabezó en su segunda fase la intervención francesa en México), Maximiliano y Napoleón III.

Del siglo XX Iturriaga resaltó la presencia del famoso periodista estadounidense John Kenneth Turner (quien denunció la esclavitud promovida por el Porfiriato), los escritores D. H. Lawrence, Gabriela Mistral, Graham Greene, Aldous Huxley, Evelyn Waught, Pablo Neruda, el cineasta Serguei Einsenstein, el publicista Eulalio Ferrer, el periodista Luis Suárez, la antropóloga francesa Laurette Sejourné, el antropólogo estadounidense Gordon Watson, Gutierre Tibón y el Nobel de Literatura Gabriel García Márquez.

Finalmente, del siglo XXI figuran en el libro el escritor español Francisco Solano, el médico y naturalista estadounidense Oliver Sacks y el inmigrante austriaco Bruno Schwebel.

Para concluir, José N. Iturriaga afirmó que “los otros son a menudo el más diáfano espejo en el que podemos vernos, con mayor precisión que como solemos hacerlo cuando intentamos alguna auscultación dentro de nuestra más recóndita intimidad”.