Este pasado sábado 17 de abril, el Museo Tamayo inició una nueva etapa u una nueva línea curatorial, con la inauguración de cuatro exposiciones. Después de su transformación, el recinto funcionará como un centro cultural, con discursos temáticos que ofrecen nuevas experiencias estéticas individuales. De esa manera, se redirigen esfuerzos hacia el planteamiento original del maestro Rufino Tamayo, quien deseaba que fuera un espacio para fortalecer la vida cultural de los mexicanos y el circuito museístico del país.
El proyecto contempla, en primer lugar, una ampliación del edificio proyectado y construido por Teodoro González de León y Abraham Zabludovsky. Encargada al primero de dichos arquitectos, la ampliación contempla un incremento de 1600 metros cuadrados de espacios de exhibición y de talleres infantiles, centro de documentación, biblioteca de arte contemporáneo, tienda, restaurante, y oficinas. Una de las nuevas salas estará destinada a la obra de Rufino Tamayo; la otra a la colección permanente.
La extensión del Museo, que será construida en Atizapán por Rojkind Arquitectos y los arquitectos daneses BIG con Bjarke Ingels, contará con una bodega con tecnología de punta que brinde las óptimas condiciones para almacenar, conservar y acrecentar su colección. Los trabajos han comenzado y estarán terminados en 2011.
El nuevo programa curatorial, proyectado a tres años, ofrecerá una nueva metodología museística con distintos niveles de lectura de las obras de arte y de acercamiento a la investigación. Los procesos serán más abiertos y transparentes, de la investigación a la recepción de las obras en exhibición.
Los primeros ejemplos de ello son las cuatro exposiciones recién inauguradas, agrupadas dentro de tres líneas temáticas. En primer lugar, El jardín secreto del sueño de Joachim Koester e Indicaciones para otro lugar de Adrià Julià forman parte de la serie Microhistorias y macromundos, que presenta las piezas más importantes del arte contemporáneo internacional. Ambas muestras proponen lecturas alternativas a la historia oficial, por medio de la contraposición de una cronología construida frente a la recuperación de la memoria, cuya lectura no lineal supone una pluralidad de tiempos y la posibilidad de secuencias alternativas de hechos. Ambas problematizan la distancia existente entre la documentación y los residuos históricos con respecto a los relatos que se ‘traslucen” detrás de ellos.
El jardín secreto del sueño está integrada por fotografías de espacios urbanos. Estos articulan una reflexión sobre la ciudad, en tanto que medio detonador de diferentes expresiones (como la literatura), e incluso de la reflexión filosófica. Para el danés Joachim Koesler, la fotografía –antes que capturar un instante del presente– establece un puente entre nuestro imaginario del pasado y la percepción de determinadas situaciones proyectadas a futuro. De ahí que sus imágenes localicen y revelen aquello que suele permanecer oculto en las narrativas oficiales. Por ejemplo, uno de los ensayos fotográficos presentes en la exposición metaforiza sobre el uso de drogas en la sociedad contemporánea y a través del tiempo, mostrando una interpretación de los estados alterados a partir del consumo de sustancias.
Por su parte, Indicaciones para otro lugar gira en torno a los vínculos existentes entre la historia y el mundo moderno, demostrando que cada elemento visual contemporáneo tiene un largo pasado tras de si. El artista catalán reflexiona acerca del desarrollo tecnológico y su influencia en la racionalización del llamado “avance de la historia”. Julià rastrea las rutinas y los restos de las comunidades fundadas por los seguidores de Charles Fourier que probaron fortuna en el Nuevo Mundo. Su investigación alude a los desplazamientos y las interpretaciones del pensamiento del filósofo y visionario francés –como ha señalado Magali Arriola, curadora en jefe del Tamayo.
Otro de los nuevos proyectos del museo consiste en una serie de exposiciones dirigidas a la revisión de su propio acervo (un total de más de 400 piezas, de las cuales 315 fueron adquiridas por el mismo Rufino Tamayo). La muestra estuvo a cargo del curador invitado Raimundas Malasaukas, junto con los artistas Gintaras Didziapetris y Rosalind Nashashibi. Incluye obras de Giorgio de Chirico, Rafael Doniz, Sam Francis, Marino Marini, Eduardo Micus, Joan Miró, Saúl Steinberg, y Rufino Tamayo.
Por último, las nuevas exposiciones cierran con la instalación Future Tense, dentro de la línea de Proyectos especiales. Ubicada en el patio central del edificio, plantea una pregunta: ¿qué tipo de espacio social puede generar el arte para darle cabida a las subjetividades y volverlas relevantes?
La instalación está montada a partir de la pieza Please Come Back (K. Font/ Mexican Version), del colectivo Claire Fontaine, adquirida recientemente por la Fundación Olga y Rufino Tamayo y AXA Seguros. La conforman docenas de pelotas de tennis, rellenas de dulces, colocadas en el suelo hasta un gran letrero luminoso donde se lee “Please Come Back”.
Con la pieza del Colectivo Fontaine, el programa de adquisiciones iniciado en 2008 suma cuatro obras seleccionadas por un comité especializado e incorporadas a la colección. La incorporación de Please Come Back fue anunciada el 15 de abril, durante la noche SUMA 2010 (la cena de gala organizada año con año para recaudar fondos para el recinto). Durante el evento fue entregado el reconocimiento SUM-ARTE a la señora Márgara Garza Sada.
Museo Tamayo reconoce la labor filantrópica de quienes han apoyado la difusión del arte contemporáneo en nuestro país. En años anteriores ha sido recibido por el coleccionista Eugenio López, la directora del Patronato de Arte Contemporáneo Aimeé Servitje, y la directora del Museo Universitario Arte Contemporáneo Graciela de la Torre.
SUMA 2010 contó con la presencia de la Compañía de Danza José Limón de Nueva York, que se presentó por primera vez en México, con un fragmento de la coreografía Para todo hay tiempo (José Limón, 1956, reconstruida por Roxane D’Orleans). La compañía anunció que realizará una gira en varias ciudades de nuestro país (del 18 de mayo al 6 de junio) y que podría establecer con el INBA un par de talleres anuales dirigidos a estudiantes y profesores. Por su parte, la inauguración de las muestras estuvo acompañada del performance musical y teatral de Los Súper Elegantes (dúo integrado por los artistas conceptuales Milena Muzquiz y Martiniano López.
El Tamayo: una nueva experiencia
Como parte de la renovación del Museo Tamayo será también reactivado el patio de esculturas, habrá cambios en la dirección artística y un nuevo programa de publicaciones. El recinto cuenta ya con una nueva imagen gráfica, diseñada por el despacho neoyorquino Projects Projects.
Y ofrece innovaciones en la difusión electrónica a través del portal www.rufino.mx: un “proyecto editorial de salón” alterno a la página oficial y creado para publicar artículos, entrevistas, videos, y otras seccionen que muestren los procesos de creación de los artistas y las reflexiones de especialistas en torno a sus discursos. De tal manera, será posible echar una mirada a lo que sucede allí dentro. El sitio principal del museo (www.museotamayo.org), por su parte será enriquecido con charlas con artistas y coleccionistas, y con una selección de textos de historiadores
En conclusión, la renovación del Museo Tamayo persigue varios objetivos: mejorar y ampliar su vida cultural; incrementar su infraestructura y tamaño, de cara a los próximos años; reactivar la participación del patronato y de la sociedad civil; y lograr un financiamiento adecuado. Mejores instalaciones no sólo reafirmaran el carácter icónico del edificio y atraerán a más visitantes, sino que también mejoraran la experiencia de todos ellos, enriqueciendo a su vez la vida del corredor cultural del Bosque de Chapultepec.
Más información en: www.museotamayo.org
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