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Normalmente se tiene la idea de que las canciones para niños tienen que llevar un aprendizaje, en mucho o poco porcentaje, pero que deben de ser así, porque de otra manera se vuelven como cualquier otra canción.

Dentro de mi experiencia adquirida al trabajar con niños de nivel preescolar me atrevo a no estar a favor de esta idea, ya que no solamente los niños tienen que aprender y absorber conocimientos todo el tiempo, sino que también tienen que jugar, divertirse, aprender por experiencias, etcétera; en fin, disfrutar esa etapa de la infancia; no que aprendan a ser niños, sino que sean niños.

Por supuesto que tienen que haber ciertos límites y reglas para tener una buena convivencia entre todos y así evitar conflictos; pero surge una pregunta; ¿Quién no ha tenido conflictos en su vida? ; ¿Quién ha seguido al pie de la letra todo lo que se nos enseña sin experimentar e innovar esas mismas enseñanzas, aunque estén en contra de lo que se nos ha inculcado, y que en ocasiones los resultados son mejores que los primeros?

Regresando al tema, desde mi punto de vista como músico, las canciones son para disfrutarlas, bailarlas, saborear las palabras que se usan, cantarlas; y en el caso de que tengan alguna enseñanza, aprenderla.

No se puede ser tan cuadrado en el manejo de estos materiales de apoyo; dos ejemplos, “Es necesario que los niños se aprendan los números lo más rápido posible”; nos encontramos con una situación recurrente en las escuelas, entonces la maestra buscará las estrategias y los medios para llegar a la meta, entre esta búsqueda puede encontrar algunas canciones de apoyo; por mencionar algunas: “LA MARCHA DE LOS NUMEROS”, “LOS DIEZ PERRITOS”; entre otras tantas, se las enseñará a los alumnos junto con todos los demás ejercicios que haya planeado y llegará al fin esperado. En este ejemplo se recurrió a material muy específico y adecuado, también para una finalidad muy específica.

Veamos el siguiente:

“Los alumnos tienen que mover el cuerpo porque son muy estáticos”; posiblemente la maestra buscará algún canto alusivo al cuerpo, o algún tipo de música para que los alumnos bailes y se muevan; por desgracia existen ocasiones en que el material no es del todo adecuado, y una de las razones es que normalmente se buscan ritmos “movidos”, sin pensar en el desarrollo motriz del niño, lo que puede significar algún tipo de lesión en los pequeños, o que se vuelva un momento para perder el orden de la clase.

Por todo esto, es conveniente hacer un perfil del grupo con el que se esté trabajando para poder seleccionar correctamente el material que se usará; y en el caso de encontrarse perdidos en la búsqueda, lo recomendable es recurrir a un especialista en el tema, y/o a un músico para tener una buena orientación.

Para que la educación y el aprendizaje se den de forma correcta es necesario que los padres de familia participen activamente en las actividades escolares; de esta manera conocen lo que realizan sus hijos en los diversos puntos que se trabajan en la escuela.

Por supuesto que esto abarca tener sesiones especialmente diseñadas para ellos, en donde trabajen de la misma manera que sus hijos, ya que además de todo, pueden ayudar a los profesores a practicar con los niños en su casa o fuera de la escuela los ejercicios que hayan aprendido o se estén viendo en clase.

Otra de las formas en la que pueden ayudar, es dando su punto de vista sobre las actividades, esto no quiere decir que se van a hacer las cosas como ellos pidan o quieran, ya que hay un programa que seguir en base a estrategias probadas y diseñadas para cada edad y nivel de madurez de los alumnos, pero para los profesores sirve de mucho ya que no es fácil atender a tantos niños que tienen características y necesidades diferentes cada uno.

Fuera de esto, también suele ser divertido para los padres de familia realizar estas actividades, que además sirven para que se conozcan entre ellos y puedan cambiar opiniones.