Como sabemos, cuando Hernán Cortés llegó a México, lo hizo con un ejercito español pequeño que literalmente acabó con la civilización azteca. Sin ahondar mucho sobre este tema en particular, se puede señalar que la conquista epañola, (a diferencia de la portuguesa y la inglesa), era en si misma muy característica. Además de la mezcla inmediata entre las razas, los españoles apenas habúian reconquistado las tierras del sur dominadas por los musulmanes en 1492. Contemos pues los años en que una vez mas España se comprendería a si misma como un reino triunfante a la caida de Tenochtitlán en 1521.
Los españoles poseían una enorme experiencia en cuestiones de conquista, de guerra, de organización militar, etc.; todo esto sumado al surgimiento de leyendas y mitos de los héroes en la batalla que se verían acogidos bajo la sombra de Santiago Matamoros, (Santiago Mata indios en el Nuevo Mundo). A todo esto tenemos que sumarle el fervor religioso que marcaría la diferencia entre la conquista de Granada y la conquista de América.
Desde el siglo VII, prevalecía en la penísnsula ibérica una convivencia entre musulmanes, judios y cristianos, (afable en lo que cabe), puesto que se había logrado establecer un sistema de tolerancia que permitía cnvivir los unos con los otros independientemente de sus creencias religiosas. No obstante, las tres religiones convegían en un punto, su monoteísmo, y se tenía conocimiento de sus ritos y cultos desde mucho tiempo atrás. En América no se corrió con la misma suerte, debido a que la percepción de lo divino distaba de aquellas tres religiones del Viejo Mundo en un pequeñísimo detalle, Ámérica era politeísta.
España, al notar esta diferencia vio la oportunidad de comenzar unas segundas “cruzadas”, en las cuales, su pueblo se veía enaltecido por y bajo la bendición de Dios. Los grupos religiosos que arribaron a la Nueva España fueron el clero regular y el clero secular. El primero lo formaban los frailes que vivían conforme una regla; los segundos realizaban sus actividades fuera de la anterior (obispos y arzobispos). La gran mayoría de estos religiosos eran milenaristas, es decir, creían que el fin del mundo se acercaba, y esta filosofía impregnó de forma substancial en la evangelización de los indígenas.
Pero, el gran obstáculo que se encontraron y tuvieron que enfrentar el grupo eclesiástico fue el idioma, que se convirtió en una estrategia de conversión importante.
Las tres importantes órdenes que arribaron a México fueron los franciscanos, los dominocos y los agustinos. Estas órdenes se esparcieron en distintas partes del territorio mesoamericano; los franciscanos se establecieron en el centro (Tlaxcala, Puebla, Michoacan y el Bajío); y aprendieron nahuatl; los dominicos se establecieron enla zona de Oaxaca y dominaron el mixteco, el zapoteco y el otomí; los agustinos se encargaron de cubrir los lugares que no habían dominado los franciscanos hacia el noreste (Michoacán, Morelos Hidalgo y el Estado de México).
Los frailes se orientaron hacia los lugares inhóspitos de la Nueva España, dando como resultado numerosos conventos e iglesias que en la actualidad se encuentran rodeados de pequeños pueblos. Solo por mencionar algunos ejemplos: Epazoyucan, Hidalgo; Cuilapan , Oaxaca; y Huejotzingo, Puebla. El trabajo de los misioneros se basó en diferentes estrategias, religiosas y culturales, para cimentar positivamente la evangelización indígena.
Además del aprendizaje de la lengua nativa, los frailes tradujeron muchos textos de enseñanza bíblica a los que añadieron diversas imágenes; la pintura también forma parte escencial de este sistema misioneros como se verá mas adelante; además de esto se permitió la música, la danza e inclusive el teatro, tradiciones que persisten hasta nuestros días entre los pueblos indígenas de representar escenas de la bíblia. Toda esta combinación de manifestaciones culturales, comenzaría por definir la distinción artística entre las órdenes conventuales que enriquecerían la primera parte del arte colonial.
Para erigir un convento, se elegía un sitio con ciertas características climáticas y una cercanía relevante con los pueblos indígenas; ya escogído el lugar se levantaba una cruz, generalmente sobre los templos prehispánicos, (la Catedrál de la Ciudad de México es uno de estos casos), utilizado como estrategia importante para la conversión y dominación de la nueva religión impuesta. Una vez terminada la obra conventual, se trazaban las calles y se veía por las viviendas que habitarían los indios.
En el atrio se llevaban a cabo todas las actividades evangelizadoras como procesiones, bautizos, confesiones, matrimonios,etcétera. Las primeras pinceladas del Renacimiento surgieron a partir de la fundación de pueblos indígenas, parcialmente convertidos, en donde la iglesia se mantenía como eje central de un sistema ordenado de calles.
En Europa, las ciudades crecían igualmente conforme al centro o plaza mayor en donde se encontraban edificios religiosos y de gobierno. Sólo que, el crecimiento de la ciudad correspondía para el siglo XVI como una traza llamada de “plato roto” que se caracteriza por la bifurcación de calles sin ningún orden.
Es a partir de la fundación de los conventos cuando surgen las primeras escuelas para indígenas. Así tenemos que el flamenco Fray Pedro de Gante fundó la primera gran escuela de artes y oficios: San José de los Naturales en la naciente ciudad de México (1527). Dicha escuela cubría un enorme programa de oficios y sirvió como modelo para las escuelas posteriores. Se utilizaban diversos grabados debido a la falta de modelos europeos. Además, se apoyaban con textos de índole moral que se denominaban “exempla”.
De esta forma, la enseñanza franciscana tenía dos fines principales: evangelizar y, partiendo de la conversión, alcanzar la salvación mediante el trabajo manual. Una forma de enseñanza fue la copia de grabados, pero recordemos que los indígenas tuvieron que enfrentarse a modelos europeos que no conocían.
El proceso de enseñanza y evangelización requirió de una admirable paciencia y entrega por parte de los misioneros. Habrá que rescatar aquellos momentos en que estos frailes se acercaron a los grupos indígenas, y no sustentarse en la creencia de que todas las misiones fueron crueles y explotadoras. Esta última premisa permite que profundicemos en aquella etapa esencial del nacimiento de nuestra nación, pues muchos somos el resultado del vínculo europeo con lo indígena, querámoslo o no, y que, de alguna forma no hemos aprendido a considerar que aquellos “conquistadores” se procuraron una fe ciega, una dedicación piadosa y un notable interés en aprender la lengua indígena y permitir un sincretismo entre ambas culturas que ni siquiera hoy, somos capaces de llevar a cabo…
