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La representación de la muerte en general, llevaba para el siglo XVIII una gran tradición en Europa, puesto que sus orígenes se remonten a la época medieval, derivado de la concepción de la muerte que constantemente acechaba debido a enfermadades, pestes e interminables guerras. Es a partir de la Contrarreforma donde encontramos el tema de la pintura de ánimas como tal, debido a una necesidad de promover la existencia del Purgatorio, ya que los protestantes le daban una severa crítica al igual que en otros sacramentos.

De esta menera, la Cotrarreforma transforma el sentido de la muerte como devoción y esperanza después de la vida. Se cree que las pinturas de ánimas fueron introducidas por los jesuitas. La imágen del purgatorio se observa tanto en escultura como en pintura. Generalmente se representan a aquellos individuos de medio cuerpo y flamas ondeantes,que, arrepentidos, alzan el rostro y la mirada implorando el perdón de sus pecados por medio de la intervención de un santo.

La imágen del purgatorio puede aparecer en ciertos lienzos de patronazgos en donde se distinguen diversos santos como los patronos de las almas arrepentidas. Así tenemos que por lo general, en la parte superios se representa a San Gregorio el Grande, San Nicolás Tolentino y San Miguel Arcángel, de quienes se espera que intervengan para la la purgación de las almas que se encuentran en la parte inferior de la composición. También se pueden observar otros personajes de índole social o gubernamental, como son papas, obispos, clérigos, canonigos, monjas, reyes, viejos, jovenes , ricos, pobres, etcétera, derivados de la icnografía de la Danza de la Muerte y el Triunfo de la Muerte, en donde aparecen personajes que, sin importar su estatus social son arrebatadas de su vida en consecuencia del destino.

De ahí que la pintura de ánimas no solamente se encuentre desprendida de toda vinculación con los temas fúnebres europeos, ya que es indudable que este tipo de pintura pertenece concretamente a la iconografía de la muerte por el simbolísmo que conserva y que fue importado por los europeos como un aimaginario medieval.

Dentro de las técnicas que encontramos en la pintura mural novohispana se encuentra la pintura al temple y la pintura a la cal o fresco seco. Es necesario apuntar que la técnica del fresco, en síntesis, se basa en la aplicación sobre la superficie húmeda que proporciona el enlucido, y en la reacción química que se produce durante el fraguado por la cal. La pintura a la cal es el mal empleo de la técnica del fresco, puesto que consistía en la aplicación del pigmento trasladado con agua segunda de cal como vehículo, a la superficie del enlucido fino, semi-seco y bruñido . Por ello no es posible concebir la pintura mural como simples frescos, sino que se debe de anotar que corresponde a la pintura a la cal.

Los pigmentos que se utilizaban en esta época eran negro de carbón -obtenido de maderas quemadas- y el negro de humo que provenía de teas de pino encendidas dentro de un recipiente invertido para que el ahumado quedara sobre la superficie del muro. De esta forma, se raspaba el hollín para obtenerlo. Estos pigmentos se mezclaban con el agua y la cal, conocida como agua segunda de cal. El bruñido, que daba el “toque” final a la obra era de proveniencia prehispánica, ya que los indígenas utilizaban piedras de río o romas para lograr el brillo característico y que ha permitido que las pinturas conventuales se puedan admirar hoy en día.