Aunque muchos expertos, en repetidas ocasiones, han señalado a Teotihuacan como un Imperio, en los últimos años se ha comprobado que más bien se tiene que hablar de un Estado teotihuacano de tipo teocrático.
Tales afirmaciones acerca de la existencia de un Estado teotihuacano encuentran su fundamento en lo siguiente: En primer lugar, el ordenamiento y urbanización que presenta la ciudad, nos habla de una sociedad que debió de haber alcanzado una organización social perfectamente estructurada, muy diferente de las de tipo tribal.
Las mismas pirámides son un claro ejemplo de que su construcción no pudo haber sido posible sin una conducción, planeación, y trabajo jerarquizado.
Los tzeltales y los tzotziles son dos grupos mayenses emparentados entre sí que, junto con los tojolabales, habitan la región de los Altos de Chiapas y algunos municipios del área colindante.
Los tzeltales se definen a sí mismos como los de la palabra originaria, batzil’op.
El concepto evoca una memoria de origen del hombre maya cuya herencia (oral) se recrea en la costumbre y las prácticas de saber.
El tradicional territorio tzetzal se encuentra al noreste y sureste de la ciudad de San Cristóbal y abarca los municipios de San Juan Cancuc, Chanal, Oxchuc, Tenejapa y Altamirano; hacia el norte: Sitalá, Socoltenango, Yajalón, Chilón, Ocosingo, Amatenango del Valle y Aguacatenango (municipio de Villa de las Rosas) hacia el sur.
De entre las artesanías destaca la elaboración de tejidos en telar de cintura con diseños tradicionales mayas, en el que las mujeres elaboran huipiles, camisas y servilletas para uso propio o para su venta. Sobresalen los textiles de Tenejapa, Pantelhó, Larráinzar y Chenalhó.
La vida ceremonial comunitaria se organiza en torno a los santos. Las fiestas, organizadas por los mayordomos y sus alfereces, conforman el ciclo anual ritual de la comunidad.