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Alrededor de un centenar de nuevos sitios arqueológicos e históricos, han sido detectados en la Sierra Sur de Oaxaca, 67 de los cuales se localizaron en lo que va del 2011, cuyo estudio ayudará a reconstruir la historia prehispánica y colonial de las poblaciones que se desarrollaron en esa región.

A estos hay que sumar 30 sitios más registrados en los últimos 4 años por investigadores de la Universidad de Indiana, Estados Unidos.

Los nuevos sitios se hallan en los municipios de San Bartolo, San CArlos Yautepec y San Juan Lajarcia, además de Nejapa de Madero y Santa Ana Tavela; actualmente se lleva a cabo el proceso de registro de éstos conforme los lineamientos del INAH.

La antropóloga Stacie M. King, responsable de la investigación por la universidad norteamericana, explicó que hasta el momento el trabajo realizado en los 97 sitios ha sido a nivel de superficie, es decir no han sido excavados, lo que sólo ha implicado la realización de recorridos en un área de 95 kilómetros cuadrados, además de algunos pozos de sondeo de poca profundidad y extensión.

King, quien presentó los avances de esta investigación en la VI Mesa Redonda de Monte Albán, informó que cada uno de los sitios descubiertos ha sido documentado con mapas arquitectónicos y fotografías, y se han hecho recolecciones de muestras de cerámica para elaborar diagnósticos; la antigüedad que preliminarmente se ha determinado para este conjunto de sitios va de 1000 a.C. (periodo Formativo Medio), hasta el siglo XX.

La antropóloga estadunidense comentó que la investigación pretende reconstruir la historia de las poblaciones que florecieron durante las épocas prehispánica y colonial, sobre una ruta de intercambio entre los valles de la Sierra Sur y el Istmo, “un camino real que ha sido usado por más de dos mil 500 años y que no había sido investigado”.

Abundó que en los sitios de tipo arqueológico se localizaron desde grandes complejos arquitectónicos, más de 10 juegos de pelota, entre 10 y 15 abrigos rocosos con pintura rupestre, piedras grabadas y restos de cerámica; en lo que respecta a los históricos, se halló un entierro y una colección de más de 250 cuentas de vidrio llegadas de España, a través de las rutas de los galeones del siglo XVI.

Stacie M. King indicó que actualmente el proyecto se encuentra en la fase de llenado de fichas técnicas que exige el INAH para el registro de un sitio histórico, en las cuales quedan especificadas las características arquitectónicas y relevancia científica de cada vestigio.

Luego del registro, dijo, la Universidad de Indiana comenzará a trabajar en un proyecto de investigación para realizar las primeras excavaciones arqueológicas en la Sierra Sur, mismo que deberá ser presentado ante el Consejo de Arqueología del INAH para su aprobación.

Explicó que serán sitios clave los que se propongan para su estudio, que implicará excavaciones sistematizadas y amplias, “aún están en deliberación cuáles se elegirán, porque se debe optar por aquellos puntos que den más información sobre las épocas que corresponden a la llegada de los zapotecos y de los españoles a la Sierra Sur”.

Entre los sitios localizados, la antropóloga King destacó Mogotes del Panteón, el único del periodo Formativo Tardío (1500 a.C. – 200 d.C.), donde se conservan vestigios de un centro ceremonial, grandes estructuras y un juego de pelota. Mencionó también Nejapa Viejo, el más grande del periodo Clásico (200 – 900 d.C.), donde hay restos de estructuras prehispánicas —algunas piramidales—, plazas, residencias de elite y barrios.

De los materiales encontrados ahí, destacó una piedra grabada con símbolos que tienen contrapartes en la escritura zapoteca. Asimismo, se identificaron glifos zapotecos que revelan que por lo menos algunas personas entendieron o hablaron ese idioma en el lugar.

King detalló que los sitios que corresponden al periodo Posclásico (900 – 1521 d.C.), son asentamientos que en esa época fueron los de mayor población, y se ubicaron en diferentes zonas ecológicas; entre este tipo de lugares hay uno donde se conservan restos de una edificación que fue ocupada por la elite, y aún tiene varios cuartos con muros de adobe cubiertos con estuco pintado de rojo.

En el sitio Picachos, la cantidad de construcciones muestra una inversión de mano de obra considerable; el área se extiende sobre una cordillera que tiene menos de 50 metros de ancho por 1.5 kilómetros de distancia, con laderas casi verticales por sus lados. Cada posible entrada está protegida con varios muros defensivos de piedra pegados a la roca madre. Además hay más de 75 terrazas habitacionales, evidencia que indica una densidad poblacional grande.

Asimismo, se detectaron los sitios Cerro del Convento, que se cree fue fortaleza de los zapotecos; y Cerro de la Muralla, donde hay un muro de un kilómetro de largo, escalonado en su interior y recto por su exterior, que se usó para vigilar.

De acuerdo con la antropóloga Stacie M. King, el área de estudio —que en un principio comprendió los municipios de Nejapa de Madero y Santa Ana Tavela, y posteriormente se extendió a San Bartolo, San Carlos Yautepec, San Juan Lajarcia—, fue habitada por diversos grupos etnolingüísticos, “los cronistas españoles del siglo XVI refieren que eran mixes, chontales y zapotecas”.

Su hipótesis apunta a que hubo interacciones entre habitantes y las diferencias étnicas no fueron tan marcadas en tiempos prehispánicos, como lo hicieron creer las crónicas españolas del siglo XVI. “Propongo que el éxito de las poblaciones de Nejapa fue su composición multiétnica”.

Con la finalidad de estudiar la transición de la última etapa de la época prehispánica a la Colonia, el equipo trabajó en las ruinas coloniales del que fuera el pueblo de Majaltepec, hoy considerado el pueblo viejo por los habitantes de la región; ahí se encontró cerámica gris fina, y debajo de los pisos se halló un entierro con patrones prehispánicos, así como 250 cuentas de vidrio.

Además, King informó que se exploró la Ex Hacienda San José, donde perduran los muros de la casa principal, en su interior encontraron artefactos para procesar caña. En el lugar aún se conservan acueductos, canales de riego, cimientos de las caballerizas y el tanque de agua.

La investigadora destacó que esta hacienda era la quinta más grande de Oaxaca a principios del siglo XX, “todas las evidencias encontradas más entrevistas hechas con personas que vivieron en el lugar cuando el inmueble era productivo, ofrecen valiosa información para entender la historia económica colonial y poscolonial”.

El equipo de norteamericanos llegó a la Sierra Sur en 2007, su trabajo comenzó a través del diálogo con las autoridades mexicanas y pobladores serranos, quienes los llevaron a conocer los lugares; King concluyó que fue con la ayuda de las comunidades y las autoridades como pudieron llegar y detectar tantos sitios.

8
Oct

POPOCATÉPETL E IZTACCÍHUATL

 Publicado por: El laudero en Información General

En el año 1 caña, 1519, se reunieron en Amecameca los señores de los pueblos de la región con motivo de la venida de los blancos barbados por el oriente. Por consejo de los dioses, fueron a darles encuentro a los españoles en Cuahichac, en el paso del Izcateptl y del Popocatépetl según cuenta el relato del cronista Chimalpin.

El lugar del encuentro, no fue escogido al azar puesto que para la mentalidad indígena este era una área de frontera cuya separación daba identidades propias es los planos mítico-histórico. En el mundo prehispánico, los volcanes son protagonistas principales y los mitos cosmogónicos dan prueba de ello. Uno de ellos dice que fue en esta región volcánica conocida como Tamoanchan donde al principio de este Sol, Quetzalcóatl molió los huesos divinos y se sangró para dar origen a los hombres y donde además, les dio el maíz.

Hay también una interpretación colonial que dice que, de acuerdo con el relato de los ancianos, los olmeca-xicalanca llegaron a las estribaciones del Popocatépetl e Iztaccíhualtl buscando el suelo florido de la suave vida que se llama Paraíso Terrenal y que cuando arribaron allí, alcanzaron a ver de donde manaba el agua. Otro mito, el de la huida a Tlapallan de Quetzalcóatl y la caída de Tula, sitúa un pasaje entre los volcanes, donde el hombre-dios dejó sus huellas en una piedra. Un relato mítico mas, habla de la relación entre el paraíso de Tláloc y el volcán.

Prácticas en el espacio sagrado

Vivir en vecindad con el paraíso Tamoachan entrañaba ciertas obligaciones, una de ellas era la de cuidar los ritos y las fuentes del agua. Los olmeca- xicalanca-xochiteca- quiyahuizteca-cucolca establecieron un adoratorio, el Chalchiuhmomoztli. En el adoratorio había un manantial sagrado, vigilado por estos extraños hombres, quienes tenían la capacidad para volar; además practicaban las artes de la brujería y podían tomar aspectos de fieras y bestias. Pero los chichimecas, al llegar a la zona pelearon con ellos y los derrotaron, flecharon al manantial y éste se secó.

Doble física: dioses-volcanes

Hacia el último siglo de la época prehispánica, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl son protagonistas vivos del mundo nahua. Ambos son dioses y testigos. El Popocatépetl se distinguió por ser un cerro al que reverenciaban los indios, pues simbolizaba fuentes de poderes relacionados con el agua y el dios vivo representable. El Iztaccíhuatl, era en si una diosa, la Mujer Blanca, y tenía sus adoratorios y sacerdotisas propias.

La fiesta de cerros, el Tepeihuitl, era su ceremonia. Esta, tenía lugar en la fecha que corresponde a los inicios de cosecha. Se hacían ofrendas con copal y después de rociar maíz a los cuatro rumbos bailaban y pedían buenas cosechas, además de ahuyentar tanto al hambre como a la hartura. También sacrificaban niños y esclavos.

El Mundo Profano

Las tribus nahuas se asentaron tanto de uno como del otro lado de los volcanes. De hecho, el Popocatépetl e Iztaccíhuatl partían al mundo nahua en dos: los chichimecas y los quiname, hombres de gran estatura. Ambos pueblos fueron derrotados por los recién llegados quienes de inmediato, tomaron posesión.
Ser poseedor de las montañas resulto atractivo puesto que la naturaleza de los volcanes era “la mejor de la tierra” tanto por la temperatura como por la fertilidad y la riqueza de sus aguas. La gran variedad de arboles y la fertilidad de las tierras se vieron reflejadas en las exigencias tributarias de los mexicas.

Grabadas en la memoria quedaron las erupciones y fumarolas del volcán: el suceso coincidía con la muerte de uno de los fundadores de México, Tenuch cuando además hubo plagas de langostas y sequía en Chalco.

Moctezuma, a costa de varias vidas, logró saber como era el cráter del Popocatépetl. Los sobrevivientes relataron que el cerro estaba lleno de hendiduras que dejaban escapar el humo, le contaron que desde la cumbre se veía el mar.

Los signos del Dios

Fue memorable el cometa que se vio al oriente, por sobre el volcán. De hecho, se le considera uno de los augurios de la llegada de los españoles. Los informantes de Sahagún dijeron que era una llama, en forma piramidal que se vio todas las noches durante cuatro años. Más tarde Orozco y Berra interpretaron el suceso como una erupción del volcán Popocatépetl, interpretada como cosa maravillosa y perteneciente al cielo.