Posts etiquetados como: ‘’

Con la interpretación de piezas representativas de la narrativa mexicana del siglo XX, así como de otras que recuperan historias que forman parte de la tradición oral latinoamericana y de otras partes del mundo, tuvo lugar la segunda jornada del ciclo La hora del cuento, historias de amor, humor y… en el Centro de Lectura Condesa.

Organizado conjuntamente por el Foro Internacional de Narración Oral (FINO) y la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA-Conaculta), el ciclo reunió en esta ocasión a los narradores Cristina Urzaiz e Israel Rodríguez, durante la sesión que llevó por título El oso y otros cuentos.

Cristina Urzaiz fue quien tuvo a su cargo el inicio del programa, con un cuento de la época de la Revolución Mexicana titulado Oro, caballo y hombre, original de Rafael F. Muñoz, al que siguió otro de Juan José Arreola, denominado La parábola del trueque, en el que relata la historia de un mercader que quiere cambiar a sus esposas.

Poco después, Cristina Urzaiz interpretó El oso, un cuento popular de la tradición oral que tiene muchas versiones en diferentes países, mismo que en este caso especifico se ubica en la Rusia zarista.

Para concluir su intervención, la cuentacuentos contó la historia de una mujer que toma el tren y en la espera se encuentra con un joven con el que comparte una graciosa aventura.

Ante el público reunido en el Centro de Lectura Condesa, la narradora puso de manifiesto su pasión por esta actividad, a la cual dedica todo su empeño y emoción, con el principal objetivo de compartir con quien lo desee, este cúmulo de historias que recogen por un lado leyendas y consejas populares; y por el otro, el trabajo creativo de escritores de reconocido prestigio.

Por su parte, Israel Rodríguez, también integrante del Foro Internacional de Narración Oral, ofreció a los asistentes dos historias. La primera, titulada Don chico vuela, es un relato original del escritor chiapaneco Eraclio Zepeda, en la que explora el México costumbrista de los años 60 del siglo XX.

La segunda fue El sapo encantado, que ofrece la típica historia del príncipe azul, pero en este caso adaptada con el fin de que el público intervenga y se quite el estigma del cuento.

“Mucha gente cree que el cuento es un chiste y no, ya que un cuento puede ser muy dramático y provocar risa o llanto, sin que necesariamente haya sido escrito para los niños, pues cuando se llega a la edad adulta y se redescubren los cuentos, uno se da cuenta de que es algo que nunca se debe dejar”, comentó Rodríguez.

En este sentido, Rodríguez añadió que lo realmente importante, es hacer saber a la gente que la capacidad de asombro nunca se pierde; si acaso se llega a olvidar un poco, pero por eso se debe recuperar y transmitir, como una respuesta permanente a esta pasión por contar.

Explicó que “los narradores “tenemos sensaciones, miedos y alegrías y cuando esto se encuentra reflejado en un cuento, surge una imparable necesidad por contarlo. Congruente con todo eso, todos los cuentos que elijo, reflejan algo que quería, deseaba o anhelaba”, añadió.

El ciclo La hora del cuento, historias de amor, humor y… continuará el próximo viene 23 de abril, a las 18:00 horas con la sesión de narraciones dramatizadas Malos hábitos que contará con la participación de María Elena Avalos, Cecilia Kamen y Sara Rojo; y concluye el 30 de abril, Día del Niño, con la el programa Cuentos de cuando niños, a cargo de Rubén Corbett. La cita es en el Centro de Lectura Condesa, ubicado en avenida Nuevo León 91, colonia Condesa.

Hace unos días fué el Día de los Reyes Magos, que millones de niños esperaban con sobrado anhelo porque saben que en ese día reciben juguetes; en algunos casos los que pidieron en la ya famosa “Carta a los Reyes”, y en otros casos, lo que les hayan dejado según su comportamiento en el trascurso del año.

De una u otra forma llegaron los regalos.

Lo que llama mi atención, es el hecho de que la mayoría de esos juguetes son de manufactura industrial, y la minoría son juguetes tradicionales; esto me llevó a pensar en el futuro de estos últimos en tanto a nuestra cultura y nuestras raices.

Surgieron del recuerdo el trompo, el yoyo, el balero, la muñecas, los muñecos, los soldados de madera, etcétera, varios juguetes que utilicé y conocí en mi infancia y que cada vez es mas difícil encontrarlos en el mercado común, porque normalmente se encuentran como artesanías o como piezas de museo, que al parecer, es a donde van a dar nuestras tradiciones y poco a poco nuestra cultura.

¿Quien que cuente con treinta años de edad, o más, no recuerda las horas interminables de diversión que pasamos con esos juguetes?; ¿las competencias que surgían para ver de quien era el mejor y mas duro trompo?; ¿que yoyo giraba mas tiempo, y/o cuantas figuras podía crear con un solo impulso?; o, ¿cuantas suertes sabiamos con el balero?; en fín, son tantas preguntas que no terminaría pronto de exponerlas.

Actualmente, pareciera que es mas importante lo que puede hacer el juguete por si mismo que lo que podamos hacer con él; es mas interesante saber si usa pilas comunes o recargables; si tiene memoria y de que capacidad; o, si se puede conectar a la computadora; y si el juguete no cumple alguna de estas características entonces es aburrido o simplemente no sirve.

Ante todo esto, me queda claro que los juguetes tradicionales están perdiendo la batalla en contra de los industriales, y que en algún momento van a desaparecer definitivamente, porque aunque todavía existen y se  construyen en muchos lugares de la república, los niños de esos lugares los están dejando a un lado, o como mencioné líneas atras, les llama el interes como artesanía mas que como algo para divertirse.

Aparte de todo, la imaginación del niño, en muchos casos, queda frenada por el mismo juguete, porque tiene que seguir paso a paso el manual y las reglas que vienen adjuntas para que funcione, y si no, simplemente se vuelve un adorno. Y si con esto no bastara, cuando es un juego de video o computadora, se tienen que aprender una serie de comandos (botoncitos del control) para poder jugar, y cuando se los aprenden mecanizan todo lo aprendido para ser el vencedor en dicho juego, el cual, posteriormente, queda arrumbado porque ya se lo saben de memoria y le pierden el interes.

De ninguna manera digo que estoy en contra de los nuevos juguetes o de la tecnología en ellos, tampoco menciono que los juguetes tradicionales son mejores; lejos de cualquiera de estas dos cosas, lo único que quiero trasmitir, es la idea de que lo importante es el juego y la diversión mas allá del juguete que que lleve a este fin, y que creo que los dos tipos de juguetes pueden subsistir en el mismo presente; uno que nos acerque y enseñe la tecnología y los nuevos avances, y el otro que nos recuerde de donde somos y que nos haga sentirnos orgullosos, en este caso, de México; además de todo esto, ayudar a que nuestra cultura no desaparezca o quede atras de una vitrina en un museo.

Laudero